Cuelgo el teléfono, una lágrima cae de mi ojo y siento como todo se me viene encima, de nuevo... Y una voz hace que me gire bruscamente, buscando esa presencia que tanto he extrañado.
- ¡hola!, ¿estas bien?
- Hola Diego. Sí, claro que si...
- Estuve contigo lo bastante como para conocerte, sé que has estado llorando.
- Bueno eso ya no te incumbe, ¿no crees?
- Puede ser, entonces, ¿porqué has venido?
- Vine por los demás, les prometí que volvería por vacaciones de navidad para estar juntos, mañana vuelvo a Nueva York.
- Bueno... solo quiero saber que te pasa, saber si estás bien.
- Sería violento contártelo... - y me interrumpe diciendo- ¿un chico?
- Ya te dije que sería violento.
- Te conozco lo suficiente como para saber los tipos de llantos que tienes. Uno, el de mentira, para convencer a la gente, en el que usas pañuelos, esta claro que no puede ser ese ya que no llevas ningún pañuelo. El otro, cuando te deprimes por no haber conseguido algo, y el último, el llanto por un chico. Como cuando llorabas por mi. Se te ponen los ojos rojos y la nariz también. Tus mofletes se hinchan y te separas del mundo. Sé muy bien que es este el tipo de llanto que tienes ahora. Y también sé que no es por mí.
- Sí
- ¿Tan fácil te resultó olvidarme?
- Antes hubiese ido corriendo a ti, para apoyarme en tu hombro y para que me dijeras que no pasaba nada. Ahora siento que ya no necesito ese apoyo, siento que he avanzado.
- A diferencia de mi, vas muy adelantada.
- Te quise, fuiste mi primer amor, y siempre quise que fueras el último. Pero me he dado cuenta de que la vida da muchas vueltas y ahora al que necesito para apoyarme es otro tipo de hombro.
- Ya.
- Por favor... Ya lo hemos hablado.
- La diferencia es que yo te sigo queriendo y tu solo quieres evitar los problemas que supone estar juntos a distancia. Y que te resulta más fácil besar a otro que este mas cerca que esperar 3 meses en poder verme.
- No es cierto.
- Sabes que si lo es...
suena el teléfono
- Me tengo que ir, mañana me levanto temprano para coger el vuelo. Adiós.
- Da igual, coge el teléfono, sé que es el.
-Adiós.
Todo sigue igual que antes en este lugar... Cuando me doy la vuelta para irme, siento como sus ojos se clavan en mi espalda esperando a que le diga algo más, pero yo solo cojo el teléfono, es otra vez él, disculpándose por su infidelidad y cuando me doy cuenta, es como si esa infidelidad no me hubiese dolido, solo me dolió pensar el hecho de que eso me lo podría haber hecho Diego.
De repente todo cobra sentido. Cuelgo el teléfono y lo tiro al suelo. Me doy la vuelta rápidamente. Diego no está. Pero yo salgo corriendo a buscarle. Está lloviendo y hace frío. Aun así, sigo buscando, sigo corriendo. Cuando de repente oigo un grito, parecido al de Diego y una luz procedente de un coche. La luz me invade y no consigo ver nada. Es entonces cuando siento un golpe muy fuerte en mi cadera. Después ya solo recuerdo voces a mi alrededor. Sin poder hablar, ni sentir, ni moverme, ni ver. Solo voces. Solo una.
- Vamos, no te vallas, ¡despierta! sé que sigues ahí, sé que sigues viva, abre los ojos por favor !!! Anne abre los ojos, si me escuchas apriétame la mano, ¡haz lo que sea! no dejes que te lleven en una bolsa como si fueras basura, por favor... despierta por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor...
De repente mis ojos se entrecierran, por la gran cantidad de luz que entra en ellos, me duelen, lo veo todo borroso y lo primero que se me ocurre decir es:
- No le que quiero a él. Te quiero a ti.
- ¿qué?
- No le quiero a él, solo a ti. Perdóname.
Lo siguiente que recuerdo es despertarme en la habitación de un hospital, dónde todo es tan blanco y tan monótono. Y con Diego a mi lado.
- ¿qué tal estás?
- Mejor, mucho mejor ahora que estás aquí a mi lado, quería decirte que lo siento, debí aceptar que te quería y no dejar que fueras el único que fuera capaz de decirme eso, porque eso si que es amor. Te quiero y no quiero desperdiciar un minuto mas de mi vida si no es a tu lado.
- ¿perdón? Anne, ¿qué estás diciendo?
- Sí, lo que paso antes del accidente del coche y todo lo que me dijiste, me refiero a eso, ¿no te acuerdas?
- ¿qué accidente? Anne... estabas muy mal ¿vale? estabas tan deprimida que podrías haber muerto y no te hubiese importado. Te encontré en el baño del instituto, desmayada en el suelo con rajas en tus antebrazos, rajas que ponían mi nombre y con un bote de pastillas en la otra mano. Dejaste 365 cartas en el suelo tiradas que ponían "para cuando muera, todo esto es para Diego" en las que ponían como te sentías cada día que pasaba sin mi, desde que cortamos, hace justo un año.
-¿de que estás hablando? yo tuve un accidente de coche, ¡que estás diciendo! ¡fuera de aquí!
Diego sale sorprendido de aquella habitación dónde todo es tan gris, tal y como estoy empezando a sentirme ahora. Desde fuera se olle como Diego conversa con mi amiga. Se supone que mi amiga, pero yo no la recuerdo.
¿sería verdad todo aquello que Diego me estaba diciendo? estaba loca... todo lo había soñado. Y ahora comienzo a recordarlo todo. Diego fue mi novio hace un año, cortó conmigo por otra chica. Y nunca lo superé, me paseaba por los pasillos del instituto mirando todo lo que él hacía, observando todos sus gestos y sus sonrisas. No me di cuenta de la gravedad de la situación hasta que me encontré con un cuchillo en la mano intentando gravarme su nombre en mi antebrazo. Sentía que si eso me mataba al fin, podría vivir en paz, con su nombre siempre gravado en mí. Como una cicatriz.
Entonces entendí que, era yo la que había tenido el valor de decirle que le quería. Y que él solo se limitaba a verme sufrir. Tal y como pasaba en mi sueño, pero justamente al revés.
Entra Diego, sudando, con lágrimas en la cara.
- ¡Me he pasado todo un año arrepintiéndome de mi decisión! me he pasado todo el año viendo como te deprimías por mi culpa, cada vez más y más, y no me daba cuenta. Y la verdad es que te quería, te quiero. Y nunca tuve el valor de ir y decírtelo, de ir y aceptar que la cagué Anne. Yo me sentí igual de mal que tú solo que tú tuviste el valor de manifestar ese dolor. Yo solo pasé desapervicido delante tuya, como si fueses solo alguien a quien conozco de vista. Perdóname. Te he hecho mucho daño. Perdóname porfavor. Lo siento.
- ¿Siempre me quisiste y no me lo dijiste? ¿dejaste que me pudriera por tu maldita desición? ¿que tipo de persona eres? ¿sabes una cosa? Pensé que era una pésima persona. Pensé que nunca en la vida nadie más iba a amarme porque, pensaba que eras el único que podía hacerlo, estaba tan segura de aquello... que ahora mismo me parece inalcanzable.
- Lo siento de verdad. La verdad es que te quiero y desde que te paso esto, llevo durmiendo en el hospital a tu lado hace tres días, esperando a que por fin te despertases. Hasta entonces solo me sentía solo, sin ti. Me faltaba una parte de mi vida. Quiero ser tu primera vez y que tú seas la mía. Quiero hacerte mujer y decirte todos los días de todos los años que te quiero. No quiero pasar por ningún buen momento si sé que no puedo contártelo.
- ...
- ¿Anne? ¡¿Anne?!

Entonces siento como mi corazón va más lento, y cada vez más lento. Me cuesta hablar, y mantengo la mirada en los ojos de Diego. Y un dolor muy fuerte en el pecho hace que me quede sin consciencia. Dentro de mi oigo como Diego grita, como me coje de la mano fuertemente, oigo como los médicos corren para ya y para aca. Y como Mellanie, mi amiga, se hecha a llorar cuando ve que la rallita de la pantalla del ordenador que indicaba el curso de mi corazón, se vuelve plana. Con un pitido muy molestoso que marca el fin de mi vida. Siento como la mano de Diego se cae. Siento su dolor más que el mio. Y cuando menos me lo espero, todo a mi alrededor se vuelven imágenes sueltas de mi vida. Cuando era un bebe, cuando tenía tres años y luego cinco y siete. Cuando tenía 12 años. En el colegio, miraba a Diego de una forma diferente que a los demás. Y a los 14 le dije mi primer hola, una tontería. Y a los 16 mi primer beso con él. Y a los 17 yo. Ahora. Nunca. Ya no so y nada en aquel mundo. Mi trayectoria ha parado. Es como si estuviera en un lago muy frío. En el que me ahogo, poco a poco.
-Sus ojos eran preciosos. Era la chica más preciosa que había visto, ella era especial. Y sé que hoy, ahora mismo, en este momento está aquí a mi lado, escuchando lo que tengo que decirle, lo que me hubiese gustado decirle en persona, pero te lo diré ahora Anne. Te quiero, te quise desde la primera vez que supe que existías, a los 13 años. Empezé a enamorarme de ti poco a poco y yo no lo sabía. Ahora si lo sé y lo tengo muy claro. Cuando estuvimos juntos, simplemente no era el momento. Tú eras la chica más timida que había conocido y yo el chico que nunca decía lo que sentía. Simplemente no era el momento, y ahora que habíamos madurado, la vida nos había preparado un futuro juntos, una larga vida juntos. Pero no estás. Eres algo que nunca voy a poder reemplazar. Lo siento por todo lo que te hice, siento haber estropeado nuestro futuro, siento todo lo que ha pasado, pero sobre todo, siento haberte hecho sufrir tanto. Solo era un adolescente que mantenía sus sentimientos helados y guardados. Hasta que llegaste tú, y todo cambio. Ahora sé que eres el amor de mi vida. Y que te voy a echar mucho de menos. Te quiero, Anne.
Te quiero, Diego.

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